Viaje a Madeira: Naturaleza salvaje, volcanismo y aventura en estado puro
Madeira es una isla geológicamente joven, teniendo su fase emergente hace 5-3 millones de años, esto, junto con la influencia constante de los alisios, hace que tenga una diversidad de paisajes espectaculares en tan solo unos kilómetros cuadrados. Por eso, y muchos factores más, es un archipiélago que merece mucho la pena visitar a pesar de su, más que probable, aterrizaje vertiginoso.
Con este viaje, tratamos de dar a conocer los puntos más característicos de la isla y sumergir al cliente en la historia , naturaleza tan diversa y cultura de la región.
Comenzamos por el noroeste de la isla, introduciéndonos en las profundidades del bosque de laurisilva, destacando especies como el viñatigo, barbusano o laurel canario. Aquí, el tamaño de los helechos no deja indiferente a nadie. Un post que siempre hay que visitar son las típicas cabañas de Santana, de origen tradicional madeirense.
Al día siguiente es hora de cambiar de paisajes, realizando una transición al Macizo Montañoso, coronando los picos más altos de la isla, atravesando vertiginosas pasarelas que recorren las coladas y acumulaciones basálticas en altitudes de hasta 1800m. Siempre un mar de nubes bajo tus pies y un cernícalo suspendido sobre cabeza, hace el momento más épico, Funchal es una ciudad digna de visitar por su trascendencia histórica latente, y los contrastes del desarrollo de la isla plasmados en cada calle. No hay mejor forma de terminar con un buen plato de lapas y pez espada.
Algo que caracteriza la isla son las profundidades de su océano circundante, de ahí la gran posibilidad de avistamiento de cetáceos y su, ya terminada, tradición por la caza de los mismos. Tuvimos suerte está vez con la visita de al rededor de dos centenas de delfines comunes. Lugares que completan el día son el bosque de tiles milenarios de Fanal con sus amistosos pinzones de Madeira, o las piscinas naturales de Porto Moniz.
Si hay algo característico de Madeira, son sus levadas y los furados , la Levada do Norte los combina añadiendo cascadas en medio de la Laurisilva. Un recorrido muy singular y particular de la región, y si se termina haciendo cumbre, siempre añades un extra a la jornada.
Terminar en la Punta de Sao Lourenço es cerrar el broche de los paisajes de la isla, en la pequeña península al extremo este de la isla donde se puede avistar las islas que conforman el archipiélago, Porto Santo e Islas Desertas. Contrastes volcánicos y marítimos. Un punto y final para cerrar un viaje exótico, sorprendente y llamativo
